MIEDO A MORIR

Tew Bunnag se dedica a formar a quienes acompañan a los demás en el final de sus vidas, como él ha hecho durante años con niños con SIDA en su país, Tailandia.

Hay muchos tipos de miedo. Uno es el miedo a sufrir dolores. Hoy en día la medicina es muy sofisticada y se le explica a la gente que no sufrirá con su cuerpo, pero ese es solo un aspecto. Hay otros miedos más sutiles: miedo a dejar a tus hijos, a lo desconocido, a morir solo… Esa proyección de sufrimiento es la causa de muchos miedos existenciales y para nosotros son temas espirituales en los que hay que focalizar mucho más la atención. Acompañar a alguien incluye ayudarle a tratar con ese miedo para que pueda trascenderlo. Es normal tener miedo de morir, y alguien que lo disimula, al final, puede tener más problemas.

La muerte no es solo una persona al final de su vida, es un cambio radical para toda una familia. Y el duelo no surge en el momento de perder: en el caso de una larga enfermedad o una demencia, eso ya es duelo. Ese proceso cambia todos los puntos de referencia y se puede vivir con tristeza e impotencia o de manera más valiente, porque morir es inevitable y es parte integral de cómo has vivido.

Sin obsesionarnos. Yo he trabajado con padres muy perplejos por haber perdido un hijo o una hija en un accidente y la verdad es que no hay preparación adecuada. No estoy diciendo que podamos estar preparados para un asesinato o un accidente, pero hay cosas que se pueden hacer para sobrevivir al duelo tremendo que producen. Perder a alguien por vejez es una cosa y perderle brutalmente en un accidente es otro tipo de duelo, que viene con shock y emociones mucho más intensas.

Un budista, un cristiano y un ateo adultos están condicionados por un lenguaje cultural, pero debajo de todo eso sí que hay una universalidad. Es curioso que, más allá de la interpretación, en todas la culturas las experiencias cercanas a la muerte son lo mismo en todo el mundo. Túnel, luz, voces, reencuentro con familiares…

Nuestra empatía y compasión se basan en nuestra conexión con nosotros mismos, en cómo sufrimos al perder a alguien amado o afrontamos una enfermedad…

La medicina no tiene que tratar solo síntomas, sino respetar lo que la persona muriendo quiere. Por otro lado, tiene que haber un acompañamiento espiritual para que en vez de querer huir se abrace el proceso como parte integral de la vida. Pero eso requiere coraje, apoyo y recursos que todos tenemos, pero hay que cultivar. El término griego eutanasia significa «morir bien». De alguna forma a eso nos dedicamos, pero, en el sentido de alguien que decide que no puede más, no es nuestro trabajo.

Hay que abordar si queremos mejorar en un terreno que es inevitable. Estamos convencidos de que no hay suficiente preparación y práctica. Hacemos hincapié en la espiritualidadque no quiere decir religión, aunque tampoco la rechaza, sino humanidad profunda–. Integramos el cuerpo con ejercicios de artes marciales, chi kung, taichí... Partimos del cuerpo, que es básicamente lo que te va a acompañar, porque también se muere.

Transcripción de una entrevista de TEW BUNNANG, experto en el arte de MORIR